Teatrillos

Descubriendo Gran Canaria a través de los Antiguos Canarios

CUENTO SOBRE LOS ANTIGUOS CANARIOS

Esta soy yo, Arminda , con mis ojos bien abiertos mirando el amanecer en Agaldar, el lugar donde vivo.

Mi padre, el Guanarteme de Agaldar , es el rey de este lugar y me contaba desde muy pequeña historias del mar.

Decía: “mis antepasados, tus abuelos y también los míos, dijeron que venimos de lejos, de una tierra que no se ve desde aquí, que nos trajo el mar para núnca más partir

Por la noche, recordaba las palabras de mi padre y me despertaba con el mar en mi cabeza, pensando: 
– “algún día cabalgando con las olas podré viajar allí, para volver contando a mi pueblo lo que ví ” 

Yo no quería irme de Agaldar , dejar a mi playa, a mi volcán, a mi casa, ni a mi cabrita Guama , sino tan sólo descubrir, cómo era ese pueblo de donde, como dicen los viejos, venimos.

Salté de mi cama, me vestí con mi tamarco de piel agamuzada, mi bolso de junco trenzado y mi colgante de barro favorito, ese que mis manos habían modelado.

A la mañana siguiente, Agaldar como todos los días, no había nadie por fuera de las cuevas, todos estaban haciendo el trabajo diario: pastoreando las cabras, sembrando trigo, haciendo vasijas de barro o tallando piedras para las gentes del poblado.

Yo tenía que ir a la Casa de las Maguadas , a escuchar sus lecciones y hacia allí me encaminé. 

Mi Maguada tenía la cara tatuada con rayas y puntos. En su cuello, colgaba un collar muy antiguo, de lapas unido con fino cuero.

Arminda, por ser hija del Guanarteme tu has sido llamada para conducir a nuestro pueblo. Estos días debes recorrer el poblado… que se grabe en tus ojos, que todo lo que veas sientas, que no se te olvide nada.

Luego, camina, camina durante estos días, que las piedras que pises te quemen en los pies, que sientas el viento cerrar tus oidos tal vez, y … observa, observa las plantas, los riscos, antes de que todo se vuelva frágil.


Tú solo tienes que escribir en tu mente lo que ves, lo de ahora y lo de después.

Esa misma tarde comenzó a caminar por el poblado.

El primer sitio, las cuevas de las alfareras. Allí estaban las vasijas tendidas secándose al sol. Observó a dos artesanas amasando el barro.

!Arminda!, -saludó con asombro una de ellas- ¿vienes a buscar alguna olla.?

No, -contesto la niña- vengo a mirar lo que hacen. Quiero saber lo que no he aprendido.

Las alfareras dejaron de amasar, y comenzaron a pintar las vasijas. Con pinceles hechos de pelos de cabra , dibujaron triángulos, rayas, círculos …

Siguiendo el camino, encontró las casas en donde se curtían las pieles.
 –! Arminda !, !eres tú Arminda !, hace mucho tiempo que no te vemos. ¿Qué quieres?, contestó una mujer.

He venido porque mi Maguada , siempre ha admirado como trabajas las pieles. Me ha dicho que las sobas con callaos de piedra , que las pintas con almagre rojo y que con ellas haces nuestros vestidos. Y quiero saber, quiero saber, lo que no sé

La mujer, sentándose con ella, le dio agujas y punzones de hueso e hilos de fino cuero y coció tamarcos con ella

 Pasados los días, Arminda decidió ir a hablar con su amigo el lagarto Tizón, y le preguntó:

¿ Tizón , me acompañarías a viajar a conocer los riscos, las plantas y todo los lugares de Agaldar ? Todo, todo,… no podrás conocerlo, necesitas muchas vidas para recorrerlo todo, pero puedo ayudarte a encontrar…por lo menos, algo importante de algunos lugares.

Respondió Tizón . – Muy bien, Tizón, sabía que podía contar contigo. 

El primer lugar al que llegaron fue al Drago de Guayedra Arminda , quedó impresionada con aquel drago que se inclinaba ante ella.

Hola Arminda soy el Drago de Guayedra te contaré algo. Las gentes de tu poblado me hace cortes en mi tronco con cuchillos de piedra y sale un líquido rojo que se vuelve espeso. Es la “sangre de Drago” , con ella pintan sus vestidos y cuando se cortan cicatrizan sus heridas.

¿Y no mueres cuando te cortan?.Preguntó Arminda

No, me mantengo vivo cientos de años. Pero, cuando muera se que con mi corteza harán escudos para su defensa.

Continuando con su viaje, Arminda llegó al Monte de Tamadaba y Tizón le mostró el árbol más hermoso y viejo del lugar, el Mocán. !Qué callado estás Mocán del bosque!

Yo no callo niña, duermo. Ahora no es tiempo de frutos y mi savia está trabajando para dar las mejores flores. Después, tu gente subirá a verme al monte para coger mis frutos y cantar a mi alrededor. Contestó el mocán.

Y ¿qué hacen con tus frutas? Preguntó Arminda

Un licor o una miel que llaman Chacerquen , que beben y calma muchas dolencias. Pero ahora, tengo que descansar, mi savia debe trabajar.

!Arajelben! Contestó Arminda
 Y así, día tras día, Tizón mostró a Arminda plantas y riscos que hacían brillar sus ojos y abrir su corazón.

Arminda se subió a una gran roca y le dijo a Tizón: Ya me queman los pies amigo Tizón. Se que no he terminado de conocer todo lo que no sé, pero así siempre habrá algo que me quede por descubrir. 

Volvamos a casa. La niña miró hacia atrás y dijo: ! Arajelben !
 Ya en el poblado, de repente una ráfaga de viento cerró sus oidos.

Comprendió entonces las palabras de su Maguada y pensó: “ Ahora todo lo de antes quedará bien guardado y yo sólo tendré que contarlo un día.”
Las ilustraciones han sido extraídas de los cuentos:

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